Desde el siglo XIV, el alcance de las políticas de salud pública se ha ampliado y, además del control epidemiológico, hoy en día sus acciones se extienden a la promoción y protección de la salud por lo que van muy ligadas a la salud ambiental y a la salud comunitaria.
Por eso, el seguimiento y la valoración de los indicadores de salud y de sus riesgos, y la necesaria investigación que esta tarea lleva asociada, son funciones esenciales de la salud pública contemporánea. Como también lo es el desarrollo de políticas dirigidas a mejorar el conocimiento y las capacidades de los ciudadanos para que éstos puedan cuidar de su propia salud de forma responsable y efectiva.
De la misma manera, también corresponde a las políticas de salud pública garantizar la prestación de los servicios básicos, como el saneamiento del agua, vincular a las personas con los servicios sanitarios (que éstos estén al alcance) y aplicar las leyes y normas que protejan la salud y garanticen la seguridad como, pongamos por caso, las que regulan la calidad de los alimentos o las emisiones contaminantes a la atmósfera.